25 marzo 2017 / TLC250 CALASPARRA

Cinco días antes de la etapa, las previsiones meteorológicas auguraban un mal día, pero al final y como siempre el hombre del tiempo falla, y como siempre la entrada de la primavera nos trae los últimos coletazos del invierno.


Siete de la mañana, amanecer gélido y algo abrigados nos acercamos al lugar de salida, cuando planifique la etapa la hice con la intención de ir solo, los más de 200 kilómetros era una barrena muy alta,  pero según se acercaba la fecha varios compañeros estaban dispuestos a llegar hasta el Santuario calasparreño.

Control de firmas donde Eduardo, Jose Manuel y Paulo esperan la llegada de Carlos para dar la "salida oficial" de la TLC250 a Calasparra.

Buen ritmo hasta llegar a La Murada, la ausencia de Carlos en cabeza del pelotón presagiaba lo peor, una mala noche y un fuerte catarro le hace desistir y decide con buen criterio abandonar la prueba.

Se cruza Abanilla camino de Fortuna, el viento aunque no muy intenso, ya mostraba sus cartas. La "escapada del día" seguía su marcha y después de 80 kilómetros con un sinfín de falsos llanos y continuos toboganes atravesamos la pedanía muleña de Yéchar e iniciamos la primera dificultad seria de la jornada, los escasos 6000 metros de la carretera que acercaba al grupo al paraje natural de Fuente Caputa con porcentajes superiores al 10%,




El viento empieza a dar guerra y antes de llegar a la carretera de Calasparra, los "escapados van notando el cansancio. quedaban 25 kilómetros hasta Calasparra, pero a pesar de los numerosos toboganes, los corredores tiene la ayuda muy favorable del aire y sin querer están cruzando las calles calasparreñas en busca del Santuario.



Un último esfuerzo y la primera parte de la etapa ya estaba acabada, un corto descanso, alguna que otra foto para la "prensa" y preparados para seguir la marcha.
Un corto avituallamiento en Calasparra y mentalmente preparados para afrontar los numerosos toboganes de la carretera que nos llevaba hasta la ciudad murciana de Cieza, los continuos repechos y el intenso viento hacia casi imposible pedalear con brío, teniendo que realizar un esfuerzo extra.
Las calles ciezanas nos reciben  saturadas de coches y sus correspondientes atascos  nos hacen aminorar la marcha hasta salir de la ciudad para entrar en el Valle de Ricote.

                                                                                                                                                                 Vamos serpenteando la tortuosa carretera cruzando las localidades de Abaran y Blanca y como no podía ser de otra manera sus continuos repechos  van mermando las pocas fuerzas que aún quedaban, en Blanca hacemos una breve parada y decidimos que el avituallamiento sólido sería  en Ojós.


Más tiempo de lo esperado en el avituallamiento, que sin quererlo nos ayudó a recuperar las fuerzas para afrontar los últimos setenta kilómetros con garantías.

Al final 242 kilómetros con 26 de media con casi 2500 metros de subida acumulada y más de doscientos kilómetros con el aire molestando más de la cuenta, pero con la satisfacción de acabar una larga etapa.

Dar las gracias tanto  a Eduardo, Jose Manuel y Carlos por esta magnifica jornada y a los que no han podido venir por diversos motivos agradecerles también su interés.


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